Diferentes formas de cocinar para diferentes carnes

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En el mundo gastronómico existen muchos tipos de carne (ave, cerdo, ternera, pavo…) que según su textura, suavidad y consistencia, se cocinarán de una u otra forma. La clave está en sacarle el máximo provecho a la comida, sus propias cualidades para no modificar mucho la base de la carne. Cuanto menos la manipulemos, más sano será. Si quieres evitar comer carne pasada o excesivamente cruda, aquí te dejo unos trucos de cocina que te pueden servir para dotarle de sabor y jugosidad a todo tipo de carnes.

Empecemos con las aves. Su carne por naturaleza es de por sí blanda y muy tierna. No debería ser un problema mantener esa consistencia tan sabrosa, pero es cierto que hay muchas personas que no saben cómo darle ese toque y acaban estropeando lo que podría haber sido un plato delicioso. Si quieres mantener la suavidad de la carne, solo tienes que añadir unas gotas de limón mientras se esté cociendo. Si se trata de pavo en lugar de pollo, hay otra técnica muy efectiva para mantenerla tierna: sumergir los trozos en leche durante cuatro horas, como mínimo. Todo ello antes de cocinar el pavo.

La carne de cerdo es muy diferente que la suave textura de la carne aviar. Pero no hay problema, con solo frotar la carne de cerdo con sal gorda y tomillo, conseguiremos que salga muy tierna. Es importante envolver la carne en papel film después de sazonarlo con los ingredientes mencionados, y dejarlo reposar durante toda una noche. A la hora de cocinar la carne, se retira el film, y la sal, ¡y listo!

La carne de ternera es la carne con el sabor más fuerte. También es cierto que es la carne que mejor acepta los aditivos para suavizar su sabor o ensalzarlo a través de condimentos varios. Una buena manera de hacer la carne es colocar sus filetes sobre una superficie, cubrirlos de ajo, aceite de oliva, un toque de vino y otro poco de hierbas aromáticas…¡y tendrás el mejor sabor garantizado! La problemática que podría tener este tipo de manipulación es que debe reposar en la nevera al menos durante dos días. A partir de entonces, se podrá asar sin ningún problema.

Algunos trucos culinarios para mantener la carne más tierna de lo normal son los siguientes:

– Si los filetes en cuestión nos han salido más duros de lo que esperábamos al comprarlos, no te preocupes. Basta con colocar los filetes en un plato, cubiertos por aceite de oliva. Lo introduces en la nevera durante unas 4 o 5 horas, y estarán listos para freír.

– Si la carne la vas a cocinar en un guiso, puedes añadirle un corcho en el caldo mientras esté cociendo la carne. El material del corcho aporta mucho a la textura de la carne.

Gracias a Yocomo, el portal de noticias de cocina, he podido desarrollar con mayor precisión este tema, tomando nota de sus consejos.

La mejor bienvenida

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Este es el primer artículo de muchos que abarcarán temas tan interesantes como la cocina dietética, histórica, trucos culinarios, expertos en cocina, restaurantes varios, recetas y noticias de actualidad. En resumen, un compendio de todo lo relacionado con el mundo de la cocina. Si eres un amante de la gastronomía, este blog no te lo puedes perder. Estate atento, porque cada semana iré publicando cosas muy interesantes.

Como primera recomendación, me gustaría hacer un breve resumen sobre el origen del arte culinario en sí. Qué mejor manera de empezar que hablar de cómo hemos llegado hasta aquí. Situémonos en la época de los romanos:

Los romanos fueron los primeros en realizar festines y banquetes solo por el puro honor de la comida. Celebraban y celebraban, buscando nuevos alimentos y diversos animales para crear nuevas recetas, descubrir nuevos sabores y destilar nuevas bebidas. Antes, la gastronomía buena solo se servía en palacios y mansiones elegantes de nobles. El contraste entre la comida popular y la real era abismal. De hecho, uno de los pocos platos que empezó siendo popular y se elevó de categoría fue el de los judiones. Uno de los primeros grandes chefs franceses, Guillaume Tirel, creó muchísimas salsas que hoy en día saboreamos con tanto ahínco. Sus platos eran los fieles protagonistas de castillos, palacios y palacetes de Francia, adquiriendo un prestigio asombroso.

Pero no fue hasta el siglo XVI cuando surgió el primer restaurante. Lo normal, por aquella época, era alojar a los invitados, crear hosterías y posadas en donde el visitante pudiera descansar. Exactamente no se sabe quién dio el primer paso de innovación, pero llegó a un cierto punto en el que decidieron incluir comida, además del alojamiento. Introdujeron platos poco complicados, simples como guisos o sopas, caldos para entrar en calor.. Poco a poco, esta moda se fue extendiendo para llegar a crear una completa demanda de lugares como éste. Así es como nació el término restaurant, procedente de la palabra restaurer.

La revolución francesa supuso también un gran cambio gastronómico. El silo XVIII estuvo marcado por la pobreza, la escasez de alimentos y la hambruna. Mientras el pueblo se mataba, luchando por sus ideales contra el poder tan absolutista de los reyes, éstos se alimentaban muy bien, robándoles las buenas cosechas para dejar tan solo las sobras y los productos en mal estado al campesinado. El pueblo, muerto de hambre, decidió que también tenía derecho a comer bien, a comer como los grandes reyes y saborear sus platos. Por eso, cuando finalizó la contienda, los cocineros de la realeza tomaron la determinación de abandonar los castillos para expandir territorialmente todos sus conocimientos culinarios, sus recetas y platos populares. Así, los restaurantes se llenaron de platos propios de la nobleza, extendiéndose por otros pueblos franceses y algunos países europeos.