Las verduras y los niños ¿incompatibles?

Que a los niños no les gustan las verduras es un hecho que todos conocemos. Sobretodo esas verduras como las espinacas, que huelen mal, y saben peor. Pero la clave está en adornarlo con pequeños truquitos que matan el sabor. Por ejemplo, las espinacas están deliciosas si se comen crudas en una ensalada, con pequeños gajos de naranja y cebolleta para que el sabor no resulte demasiado fuerte. Una ensalada fresca para la primavera.

Otra receta bastante apetitosa es la lasaña de verduras. Entre el queso fundido y la bechamel, ¿quién podría darse cuenta de que hay espinacas de por medio? Es una receta perfecta para los niños amantes de la pasta.

La coliflor huele muy mal cuando la cocemos, pero está buenísima si se reboza en la sartén con mantequilla y pan rallado. Pierde esas características propias que la hacen dietética (porque el plato en sí es un poco calórico) pero a los niños les encantará. Al igual que el coliflor gratinado al horno. Le añades trozos de bacon (o jamón de york, lo que más te apetezca) un poco de queso especial para gratinar y una bechamel especialmente hecha para cubrir la coliflor. ¡Y al horno!

El arroz tres delicias a priori parece de lo más normalito, pero lleva verduras. Trozos de brócoli, guisantes, zanahorias cortadas en minúsculos daditos.. es parecida a una ensaladilla rusa pero con arroz y huevo frito.

Son muchos los padres que, a estas alturas, intentan encontrar soluciones para este problema, porque las verduras y hortalizas son esenciales en la dieta de cualquier niño que quiera tener un buen crecimiento, propio a su edad. Algunosi incluso montan escenitas, patalean, lloriquean o protestan violentamente ante la posibilidad de consumir una zanahoria cocida o un plato de guisantes.  Psicólogos han querido indagar en este tema, intentando averiguar por qué ese rechazo, y la respuesta principal es que los niños asocian el nombre de las verduras con algo negativo o externo. Pero, si se acostumbra al niño a comer verduras desde pequeño, el aprendizaje es rápido y no le costará esfuerzo consumirlas a lo largo de su vida.

Una de las técnicas que más se utiliza es darle a un niño una verdura, sin decirle qué nombre tiene o qué es en realidad, y que él experimente por sí solo sin asociar previamente juicios de valor. Una zanahoria cruda es una buena alternativa. Otras madres, por ejemplo, añaden pequeñas cantidades de verdura o de hortalizas en platos diarios tan apetitosos como una pizza o incluso la lasaña anteriormente mencionada. Son pequeños trucos que engañan al niño. Otra de las claves de éxito es presentar los platos de forma divertida. Colores y formas que transmitan confianza al niño y que no le produzcan rechazo de buenas a primeras. También está la cuestión de los olores. Si un niño está en la cocina y ya huele la verdura cocida, lo más probable es que refleje una mueca de desagrado porque el olor no es agradable, eso lo sabemos todos. Es importante que el niño no esté en la cocina o no llegue a percibir esos olores tan característicos de la verdura. Sino que, directamente, se deleite con el aroma de la pizza en su conjunto, de la coliflor empanada o del arroz tres delicias.